La última palabra. (I´m not like everybody else)

Pues esto es un tipo al que su mujer trataba como el culo. Siempre estaba maltratandole y lo tenía dominao. Y los amigos se reían de él porque su mujer hacía con él lo que quería. Y le decían;

-Tio, lo que tienes que hacer es dejar de ser un calzonazos!

-¿Como un calzonazos?

-Pues claro. La próxima vez te plantas y le demuestras que tu también puedes hacer lo que quieras. Y que en las discusiones también tienes cojones de decir la última palabra.

-¿La última palabra?

-La última palabra.

Total, que un día los amigos quedan para irse por ahí de copas y el tio no se atrevía ni a decírselo a su mujer. Así que los amigos le acompañaron a la casa para darle ánimos. Y el tío les dice;

-Dejadme que suba que esta noche esta se va a enterar.

Y sube a la casa y empiezan a temblarle las piernas, y en cuanto abre la puerta se encuentra con la mujer hecha una fiera, que empieza a preguntarle de donde viene y tal. Y el tío se envalentona y le dice que va a tomarse una copa con los amigos. Y con las mismas la mujer empieza a pegarle hostias con la alcachofa del butano y a perseguirle por toda la casa. Y en la casa se oían unos golpes del copón, pero el colega, para que sus amigos no pensaran mal de él, mientras recibia golpes no hacia mas que gritar:

-¡Toma! ¡Toma!

Y mas gritaba él, mas le pegaba ella, toa aluciná. Hasta que de pronto la tía lo coge en peso y sin mas ni mas lo tira por la ventana. Y mientras iba cayendo el tio grita;

-¡Y ahora me voy con mis amigos!

El fin de la infancia

 

 

La mano –una mano delicada, blanca, como enguantada, -le temblaba tanto que no lograba encender el cigarrillo, así que el comisario tuvo que ofrecerle fuego.  Dio una ansiosa calada y tosió, como si fuese la primera vez que fumaba. Luego trató de explicarse.

-Lo habíamos hecho mil veces, señor comisario. Se lo juro. ¡Mil veces! Era… un juego entre el y yo, nada mas que un juego. Hacíamos como que el me perseguía, y yo casi me dejaba alcanzar, pero luego me inventaba algo y le daba su merecido. ¿Me entiende? Y él se dejaba hacer, no se, es que siempre volvía a  que yo le hiciese mas…  perrerías.  Porque nos hacíamos perrerías y nunca pasaba nada, nos habremos hecho perrerías mil veces peores que esta…. ¡Se lo juro!¡Tendría usted que ver las cosas que nos hemos hecho!¡Y nunca pasaba nada! ¡Solo era un juego! ¿Entiende que solo era un juego?

Miro a la cara al comisario, buscando su comprensión. Su sonrisa se había helado en un rictus.

-Pero esta vez… no se que ha pasado esta vez…- dijo. -De verdad que no logro entenderlo…

Dio una nueva calada y exclamó.

-Dios, no logro entender por qué coño no se levanta….

El comisario y el otro policía cruzaron una mirada. Luego miraron al cadáver en el suelo. Era bastante obvio por qué no se levantaba; Tenía la cabeza aplastada con un yunque. Los sesos sanguinolentos del gato habían estallado por toda la habitación.

-Sera mejor que nos acompañe. –dijo el comisario. –Y creo que debería buscarse un buen abogado, Señor Ratón.

 

La Batalla de San Paul

Entonces el abuelo empieza a cargar su pipa y nos pregunta:

-¿Os he contado alguna vez que asistí a la Batalla de San Paul?

-¿La Batalla de San Paul? –preguntamos nosotros.

-La batalla de San Paul. El partido entre Alemania e Irlanda para el campeonato del mundo. Lo llamaron así porque se jugó el mismo día de los apóstoles Pedro y Pablo, por eso fue. También lo llamaron el Partido del Cofre. ¿Sabéis por qué lo llamaron el Partido del Cofre?

-No.

“A ver. Yo tenía más o menos la edad que tenéis vosotros.  Y me gustaba el futbol más que nada en el mundo.  A mi padre también le gustaba el futbol. Toda la gente del pueblo era aficionada al rugby. Pero a mi padre y a mi nos gustaba el futbol. A mi padre le gustaba tanto el futbol que un día se enteró de que James Kennedy estaba de paso en  Doneraile .  Por lo visto había ido a visitar a una tía suya. Así que mi padre se puso en camino en su bicicleta e hizo las treinta millas que había hasta Doneraile , y allí pregunto por Kennedy y lo encontró en la granja de la tía, dándole de comer a las vacas. Y se acercó y le dijo; “Permítame estrechar la mano del hombre que marcó en la final de la Copa”. Y James Kennedy se la estrecho y mi padre volvió al pueblo más contento que unas pascuas. Y cuando mi padre llego ya de noche mi madre no quería dejarle entrar en la casa.  Eso fue antes de que yo naciera. Si.”

Da una larga chupada a la pipa.

“Así que a mi padre y a mi nos gustaba el futbol. Y mi padre me compro un balón de futbol en el almacén de Stroke. Un balón de los de verdad. Yo iba todos los días después de la escuela a jugar al futbol detrás de la iglesia. Iba con Donald, con Paddy Keane, con los hermanos Gilligham, con los Ford,  Jason Gavin, con el pequeño Shaun y su primo, el gran Shaun… íbamos todos. Allí. Había un descampado. Y un día un chico se subió a un poste de la luz a coger un nido y se quedo allí pegado. Yo no lo vi. Me lo contaron. Pero yo conocía al chico. McCarthy, se llamaba el chico aquel.  Le dio una descarga al chaval. Su abuelo le había comprado al mio un terreno en Courthleigh. La mujer que se caso con el zapatero es su prima, Eleanor creo que se llama, si, Eleanor McCarthy.”

-¿Por qué le llamaron el partido del cofre? –preguntamos nosotros.

-¿Qué por qué?¡ Por qué!  Yo tenía pocos años más que vosotros. Y me gustaba tanto el futbol que me metía en la cama con la pelota. Los domingos me sentaba con mi padre a escuchar los partidos en la radio. Y mi ídolo era Ennis Scrahane.  Creo que a ningún chico de entonces en toda Irlanda le gustaba Scrahane como a mi. Farrelly, Doyle,  Barrett, esos si… Hasta Kelly, si me apuras. Pero ¿Scrahane? No señor. Pero para mi Scrahane era el mejor. Un pelirrojo larguirucho más flaco que un fideo. Era rápido como una lagartija, pero que me maten si ha habido alguna vez un jugador con un porte más contrahecho que Ennis Scrahane. Porque había tenido poliomielitis de crio, por eso. Y corría como si todavía llevase los hierros aquellos puestos, si señor. Y además os juro que tenia los pies más grandes que han pisado el verde. La gente decía que era el único jugador que era capaz de sacar un corner con la puntera y rematarlo con el talón. Pero era una exageración; Ennis Scrahane no hubiese rematado un balón con el talón ni aunque se lo hubiesen atado a un palo y le hubiesen dado una semana para hacerlo. Porque era muy torpe. Por eso. Cuando entraba en el área se le fundían los plomos, el balón se le escurría entre los pies, daba patadas al aire, la pelota se le quedaba muerta como si fuese de plomo. Era un desastre. Pero en el centro del campo regateaba a todo el mundo con más facilidad que si les diese los buenos días. Los contrarios ya ni siquiera intentaban quitarle la pelota. Decían que era  mas fácil quitarle una uña del pie que el balón, eso se decía. Así que sencillamente se esperaban a que se metiera en el área y la perdiera el solo. Así era Ennis Scrahane. O al menos eso se decía, porque yo no lo había visto en mi vida”.

-¿Cómo que no lo vistes? ¿No decías que era tu ídolo?

-¿Qué estas diciendo? –dice el abuelo. –Pues claro que lo vi. ¿No te he dicho que fui al partido? ¡La batalla de San Paul! ¡El partido entre Irlanda y Alemania! ¿De que os estoy hablando?

-Ah,  -decimos nosotros. -Allí estaba Scrahane.

El abuelo nos mira como a dos lelos.

-Pues claro.

“Pues entonces hicieron una clasificación para la copa del mundo. Y los irlandeses jugamos tres partidos y los perdimos los tres. La gente no le prestaba mucha atención a esas cosas, esa es la verdad. Pero yo si. Y estaba triste y quería ser jugador de futbol para de mayor jugar en la selección irlandesa y dejar en buen lugar a mi país. Eso es lo que mas quería.  Bueno, pero luego mi primo Tom se fue a Cork y empezó a trabajar en una imprenta. Y me dijo que si quería había trabajo para mí.  Tom se caso con una chica de Waterford que tenia seis dedos. Seis. En esta mano.  Todos pensábamos que tendría hijos con seis dedos y le dijimos que se lo pensase. Pero Tom no nos hizo caso y se caso con la chica a espaldas de sus padres, que no se enteraron de que tenían una nuera con seis dedos hasta el mismo día de la boda.  A la madre casi le da un patatús. Recuerdo que fui a la casa de la chica por la mañana y me la encontré vestida de novia, llorando. Y os juro que no había visto una novia así de bonita en toda mi vida. Hasta un guantecito blanco de seis dedos  se había hecho. “Ay, Liz, ¿Qué te pasa? “, le preguntó: entonces me dijo que mi tía Margaret le había suplicado que no se casase con mi primo Tom.  Y que no pensaba hacerlo contra la voluntad de los padres de él. Entonces vuestra abuela, que ya sabéis el carácter que tiene, le dijo a Liz que no se preocupase, que ella lo iba a arreglar todo. Y hablo un rato a solas con ella y luego salió y se fue para mi y me dijo: “Ve para la casa de Tom y dile a los padres de Tom que si es por el dedo que no hay problema, que la Liz ha dicho que se lo va a cortar:” “Que diablos dices, le dije yo. Pero ella me lo repitió. “Tu haz lo que te digo; Ve para la casa de Tom y dile a los padres de Tom que si es por el dedo que no hay problema, que la Liz ha dicho que se lo va a cortar.” Así que allí fui yo refunfuñando. Y se lo dije a los padres de Tom. Y Tom se puso como una fiera y los padres dieron su brazo a torcer, porque vieron que la chica era de buen corazón. Esa misma tarde se casaron.  Luego vuestra abuela me dijo que había ido a una funeraria, a tratar de conseguir un dedo de un cadáver, por si había que presionar aun más a los padres. Así mismo me lo contó.  A la abuela no le parecía mal profanar un cadáver para que se casara esa chica. Eso pasó…”

“Así que lo que paso es que jugaron Bélgica y Hungría. Y al acabar el partido se liaron a tortas los belgas y los húngaros. Y decidieron darles un escarmiento y le quitaron cuatro puntos a cada uno. Así fue. A mi me lo dijo el sacerdote. Me dijo; ¿Te has enterado? Volvemos a tener posibilidades de ir a la copa del mundo, alabado sea dios.  Y yo vi el cielo abierto.  Solo necesitábamos dos puntos para clasificarnos. Y solo quedaba un partido. Pero era contra Alemania, el día de San Paul.  Por entonces Alemania era uno de los mejores equipos del mundo. Bueno, a esos malditos alemanes siempre se les ha dado bien. Jugaban Uwe Seeler, y Paul Janes, y Morlock, y Edmund Conen.  Jugadores buenos de verdad. Así que nadie apostaba un penique por nosotros. Todo el mundo pensaba; Bueno, que vengan esos alemanes y nos den una paliza y en paz.”

“Yo ni soñaba con ver ese partido. No había visto un partido con jugadores de verdad en mi vida. Pero una tarde llego Brendan Folan, que trabajaba en el aserradero. Y este Brendan Folan no era muy amigo de mi padre, la verdad, pero era de las pocas personas del pueblo a las que les gustaba el futbol. Y Brendan Folan se acercó un dia a mi padre en el pub y le dijo que tenía que hablar con él. ¿De que se trata, Brendan? Dijo mi padre, Aquí no, aquí no. Y se lo llevo aparte. ¿Y que creéis que le dijo? Lo que le dijo Brendan Folan a mi padre fue que la noche de antes se había quedado dormido y había tenido un sueño, había soñado que Irlanda le ganaba a Alemania en  Landsdowne Road  y que íbamos a la copa del mundo. ¿Qué diablos dices, Brendan? Le dijo mi padre. Brendan dijo; lo que te estoy contando, tan claro lo vi como a ti mismo te estoy viendo, eso es.  Asi que mi padre se quedo intranquilo. Y le estuvo dando vueltas al tema hasta que se acordó que mi tío abuelo Seamus vivía en Dublin, y que probablemente moriría antes de que pudiésemos hacerle una visita, y así convenció a mi madre, diciendo que el y yo íbamos a ver al tío abuelo Seamus.  Eso fue lo que hizo”

“Pero a mi mi padre no me dijo nada. Me dijo solo; vamos a Dublin, a ver al tío abuelo Seamus. Nos cogimos el tren y nos fuimos a ver al tío abuelo, que estaba tan sordo como una tapia y bastante chocho y ya ni nos reconocía, o eso me parecía a mí. Y en cuanto salimos de la casa del tío abuelo Seamus mi padre me dijo;  ahora vamos a Parnell  Square. Y estuvimos esperando allí apoyados en un árbol yo que se cuanto tiempo, sin que mi padre me quisiese decir que esperábamos, hasta que por fin mi padre se puso en pie y se va para un tipo y quien es sino Brendan Folan. Que había ido a comprar las entradas. Entonces mi padre me dijo que al día siguiente íbamos a ir los tres al partido, porque me dijo que Brendan Folan había soñado que Irlanda ganaba. No os podéis imaginar como me sentía yo. Fue la mayor sorpresa de mi vida”.

“Yo por la noche imaginaos que no podía dormir. Estábamos en una pensión de la calle O´Connell , no se me olvidará en la vida, y no pegue ojo en toda la noche de la emoción. Yo quería dormirme para soñar que Irlanda marcaba goles, pero no logre echar ni una cabezada. Nada.  Ni lo mas mínimo. Y al día siguiente me levante y fuimos a misa y pedí a Dios con toda mi fe que ganase Irlanda, y al salir de misa le dije a mi padre si no podríamos ir unas horas antes al estadio  a intentar ver a los jugadores antes de que comenzara el partido. Mi padre se lo pensó y hablo con alguien y se enteró de que a mediodía los jugadores tenían costumbre de ir a un pub cerca de Lansdowne Road . Así que allí nos fuimos el y yo”.

“Cuando llegamos vimos a un grupo como de veinte o veinticinco personas. Estaban charlando y bebiendo sus pintas. Entonces lo vi; yo no lo había visto nunca, pero estaba claro que era Ennis Scrahane, con su pelo rojo y mas largo que un día sin pan. Mi padre me dijo; anda, ve y dile algo. Pero de pronto yo me moría de vergüenza, y le dije a mi padre; vámonos, vámonos.  No se por qué me dio tanta vergüenza. El caso es que mi padre no me dejo ir, sino que me agarro del hombro y me empujo hasta él y le dijo que yo quería conocerle y estrecharle la mano. Y eso hice yo: y entonces  no tengo ni idea por qué se me ocurrió decirle en voz alta; “Señor Scrahane, acabo de tener una visión y estoy seguro de que usted va a marcar contra Alemania”. ¡Así mismo se lo dije, eso es!  Todos se rieron y mi padre me saco de allí. Me pregunto; ¿Por qué demonios has dicho eso? Y yo le dije que no tenia ni idea. Fue como si alguien dentro de mí hubiese hablado. Así mismo fue. Como os lo cuento.”

“Así que esa misma tarde fuimos al partido mi padre y Brendan y yo. Y no había visto tanta gente junta en mi vida. Mareas de personas saliendo de la estación de tren y entrando al estadio.  Yo estaba fascinado del gentío y del ruido y de como cantaba la grada. Empezaron a cantar media hora antes del encuentro y ni siquiera dejaron de cantar cuando Alemania metió el primer gol. Y estábamos cantando cuando de pronto zas, metieron otro gol de falta. No habían pasado ni quince minutos y ya íbamos dos a cero. Todo el ambiente empezó a venirse abajo.  Entonces pitaron un penalti y el portero irlandés lo detuvo, y nos reanimamos un rato. Pero el acoso de los alemanes era constante. Todo el mundo pensaba que era cuestión de tiempo que nos metiesen otros dos o tres más.  Pero claro, Scrahane no jugaba. El entrenador no lo había puesto. Así que llegamos al descanso con dos a cero, y el estadio mas serio que un funeral, y yo diciéndome para mi; que saquen a Scrahane, que saquen a Scrahane. Y mira por donde, en el segundo tiempo el entrenador lo sacó, no se si porque hubo un lesionado o algo. El  caso es que en el primer balón que toca se va de un alemán, se va de dos, encara la banda corriendo como un galgo y centra y logra un córner. Y el estadio ruge y entonces mi padre le dijo a Brendan Folan: “Brendan, que me aspen si ese tipo de allí no es  Aidan Donegan. ¿Quién? Dijo Folan. Aquel de allí, dijo mi padre,  señalando a un tipo a unos diez asientos de nosotros. No puede ser, Jack, dijo Folan, porque Donegan murió hace por lo menos tres años, acuérdate de que los dos estuvimos en su entierro.  Que es Donegan, insistió mi padre, o si no lo es entonces es su maldito hermano gemelo.  Y Folan dijo; que no. Y mi padre; que si. Y estuvieron discutiendo hasta que mi padre se levanto y fue al asiento del tipo y habló con el y cuando volvió Folan le pregunto; ¿Qué?, y mi padre contesto; no es, pero se parece”.

El abuelo se recuesta y da una larga calada a su pipa. Y al cabo de un rato repite;

-No era, pero se parecía.

Y se nos queda mirando.  Entonces mi hermano y yo le decimos:

-¿Y el córner?

-¿Qué córner? –dice el abuelo.

-El córner que consiguió Scrahane nada mas salir. El córner contra Alemania. ¿Tiraron el córner?

-Pues claro que lo tiraron. –dice el abuelo. –¿Que os pensáis? ¿Qué están allí todavía esperando?

Yo y mi hermano preguntamos.

-¿Como que lo tiraron? ¿Y ya está?  ¿No metieron gol?

-No.  No metieron ningún gol.

-Pero entonces ¿cuando marcaron? ¿Cómo fue la remontada?

-¿De que estáis hablando? –dice el abuelo. -¿Qué remontada?

-La remontada de Irlanda, -dice mi hermano. –La Batalla de San Paul. Nos estabas hablando de eso. ¿Recuerdas?.

-¿De que remontada habláis? No hubo ninguna remontada. Alemania gano cuatro a cero. Yo estuve en ese partido y no hubo ninguna remontada. ¿Es que no os he dicho que estuve allí? ¿No me estáis escuchando?

-¿Cómo que Alemania gano?

-Si. Alemania gano cuatro a cero. Tenían unos jugadores tremendos. Morlock. Y  Seeler. El mejor de todos, el Seeler ese…

-Pero espera, espera … -decimos nosotros. -¿Cómo que Alemania gano? ¿No remonto Irlanda cuando parecía todo perdido? ¿No marco Scrahane?

-¿Quién diablos os ha metido eso en la cabeza?  –dice el abuelo. –Nada de eso paso. ¡Os estoy diciendo que yo estaba allí!

-¡Pero Brendan Folan soño que Irlanda ganaba!. –protestamos casi al unísono.  –¡Y tu le dijiste a Scrahane que iba a marcar!

-Si, mira tú. –dice el abuelo, circunspecto. –parece que nos equivocamos.

Y se pone a fumar en su pipa.

Luego nos mira y al ver nuestra cara de ira pone un gesto de incomprensión, como si preguntase; ¿Qué os pasa? ¿Qué os he hecho yo?

Nos levantamos, indignados, y nos vamos arriba, a seguir jugando con la videoconsola.  Entonces es el abuelo el que se pone furioso, como pasa cada vez que no comprende algo.  “Estos chicos”, grita, “¡Alguien les mete ideas en la cabeza! ¿En que demonios piensan?”. Desde la ventana de nuestro cuarto lo vemos dar vueltas en el jardín, enfadado hasta el punto de que le da un puntapié al viejo balón con tan mala puntería que se carga uno de los gnomos preferidos de la abuela.

Proyección

Hace unos días Esperanza Aguirre declaraba que los ciudadanos no pueden esperar vivir a costa de papá estado. Ayer María Dolores de Cospedal decía que el sector público en España es la causa de nuestros problemas económicos. Con estas mujeres uno no se cansa de sorprenderse. Me recuerdan a una acertada máxima: “Si no puedes deslumbrarlos con tu inteligencia, confúndelos con tu estupidez”.

Señora Aguirre: son los ciudadanos los que mantienen el estado, no al revés. Lo hacen mediante una cosa que se llama impuestos. Esto es un contenido básico de segundo de Educación para la Ciudadanía, esa subversiva asignatura. Señora Cospedal: la deuda pública en España es pequeña comparada con la deuda privada (bancos, empresas y familias), como el episodio de Bankia nos acaba de recordar.

Por demás, me asombra sobremanera que unas empleadas públicas, como son estas señoras desde hace décadas, se dediquen a hablar tan mal de quien les paga a ellas y a sus familiares, y no poco. En una empresa privada tal conducta seria causa fulminante de despido, pero a los liberales parece que les renta. Se diría que llevan años trabajando en algo que les repatea. Gran sacrificio, o gran cinismo, vete tú a saber, en estos tiempos raros en que los ciudadanos hacen de estadistas y los políticos de antisistema.

Pero claro, puede que ellas tengan toda la razón. Yo soy un simple profesor y, modestamente, mi conocimiento del sector público es limitado.  En cambio ellas, desde su condición de políticas, ¿qué de abusos no habrán contemplado en su entorno? ¿Qué de corrupción? ¿Qué de incompetencia, compadreo y despilfarro? ¿Cómo no darles la razón en que empleados públicos como ellos están llevando a la ruina a este país? La próxima vez que estas santas mujeres nos adviertan de los males del estado, no nos confundamos pensando que hablan de maestros y enfermeros; seamos conscientes de cuan freudianamente nos avisan contra su propia casta. Escuchémoslas como al mafioso arrepentido. Agradezcamos su franca honestidad.

Mantra

El presidente del gobierno critica a la oposición por plantear cobrar el IBI a la Iglesia “con la que esta cayendo”. “Con la que esta cayendo”, asimismo, se resiste a apoyar una comisión de investigación sobre Bankia, opción escandalosa para otros precisamente con la que esta cayendo. El jefe del estado se lesiona cazando elefantes, y es muy criticado con la que esta cayendo, al mismo tiempo que un juez que carga al erario publico los gastos de sus fines de semana caribeña es vilipendiado con la que esta cayendo, aunque hay quien dice que, con la que esta cayendo, no habría que ocuparse de esas fruslerías.

Es alucinante. Por lo que se ve, a unos y otros les basta con decir esta gloriosa fórmula para cargarse de razón. Se dice que Marx estuvo decadas yendo a la Biblioteca Britanica para preparar su obra, pero podría habérselas ahorrado si hubiera logrado pergeñarla viendo ahora como todo el mundo lo dice y santas pascuas. Los veintitantos libros de Nietzsche, la obra de Adam Smith, la Historia de Herodoto… todo resulta superfluo ante el argumento definitivo. No dudo de que Newton hubiera dejado de lado sus investigaciones si algún piadoso contemporáneo hubiese acertado a murmurársela. ¿Y que decir de La Biblia? El autor ha sido, que duda cabe, bastante convincente, pero ¿No seria acaso infinitamente mas rotundo si a los mandamientos se les añadiese esta maravillosa coletilla? No robaras con la que esta cayendo, no mataras con la que esta cayendo, con la que esta cayendo santificaras las fiestas …

Al modo de los políticos y los tertulianos, creo yo que deberíamos empezar a aprovechar las mágicas virtudes de la locución en nuestra vida cotidiana. “No se como vas a Cuenca con la que esta cayendo”. “Con la que esta cayendo no me apetece comer con tus padres”. “Deberíamos echar un polvo, con la que esta cayendo”. Algunos hallazgos retóricos, sin duda, serán llamativos; Unas papas bravas y una de chopitos, con la que esta cayendo, puede resultar difícil para el oído, al menos durante un tiempo. Nos tendremos que acostumbrar. La crisis, que todo lo invade, acabara por fin colonizando la cultura y las novelas, los poemas ¿no deberían hacerle sitio? ¿No nos sería mas convincente el replicante de Blade Runner, si incluyese esa apostilla en su emocionante monólogo? “Francamente querida, con la que esta cayendo me importa un bledo”, debería despedirse, hoy, Rett Buttler. Es el signo de los tiempos.

Intrigado, escucho a toda esa gente que repite con la que esta cayendo, como si se tratase de una jaculatoria. Un vacío que no significa nada, capaz de justificar una opinión y la contraria, decidido a  demandar sacrificios, a despertar la cólera de los hombres…. ¿Es la que esta cayendo dios? ¿Es, al menos, uno de sus cabalísticos nombres? … Me da miedo seguir por ahí, así que, decidido pese a todo a llegar al fondo de esta cuestión, pienso en las madres, pues las madres son, a fin de cuentas, las que nos enseñan el significado de las palabras. Y al momento me viene a la cabeza la inspiración. “Ni se te ocurra salir a la calle, con la que esta cayendo”.

Esperar a que escampe. Con la que esta cayendo no es el momento de salir a la calle, no es el momento de hacer nada…¿ Pero no estamos acaso y precismente en una situación en la que hacer algo? Haría falta información, buen juicio y acción, todo en las antípodas de lo que implica esa inane muletilla. Una vez más se ve como dispone la verdad quien dispone las metáforas. Para justificar sus sueldos políticos y economistas y demás gestores se revisten del aura y el lenguaje de los ingenieros. Luego, cuando vienen mal dadas, corren como Mortadelo a disfrazarse de meteorólogos, irresponsables de que llueva o haya sequia. Pero los que diseñaron las acequias saben como y quien nos esta robando el agua.

Cafe Moai

Hace solo unos dias estaba en el autoproclamado Ombligo del Mundo. Ahora puedo decir que he llegado al culo mundial. Pocas cosas estan tan lejos.

A decir verdad, la isla de Pascua gusta de llamarse tambien ombligo del mundo. Te pito o te henua,  asi es literalmente como la conocian sus antiguos habitantes. Y es bastante comprensible. Durante generaciones los pobladores de Rapa Nui estuvieron convencidos de que su pequeña isla (una especie de triangulo de unos veinte kilometros de lado) era la unica tierra firme del planeta y ellos los los unicos habitantes.

Uno se pregunta como debian sentirse asi, pero es que en Rapa Nui te asaltan todo tipo de preguntas. La primera y mas obvia es; ¿Como llegaron sus primeros pobladores hasta aquí?. Todavia ahora es un lugar remotisimo. Hacen falta cuatro horas y media de vuelo sobre el pacifico, puesto que la Isla de Pascua esta a unos tres mil ochocientos mil kilometros de Chile. Si exceptuamos las islas Pitcairn (todavia mas increible, lo de las Pitcairn… ) sus vecinos mas cercanos no estan a menos de cuatro mil kilometros.

La leyenda cuenta que un ancestro polinesico Hotu Matua, fue el primero que llego al mando de una expedicion. El guiaba una barca y su esposa (o su hermana, segun fuentes) guiaba otra. Los polinesicos eran estupendos navegantes y sabian guiarse por las estrellas, pero aun asi es increible que lograran arribar y poblar la isla. Este primer poblamiento se llevo a cabo alrededor del siglo V despues de Cristo. La cultura fue evolucionando hasta constituir una sociedad guerrera y sacerdotal. Con el tiempo la presion demografica de la isla fue en crescendo y al final parece que se quedaron sin  recursos. Cuando llegaron los europeos la isla estaba practicamente deforestada. La llegada de los europeos fue tambien critica para los rapanui, pues sucumbieron a las enfermedades y a la esclavitud. En el siglo XIX llegaron a quedar solo 111 habitantes autoctonos.

Todos los rapanuis actuales provienen de esos ciento once. La poblacion de la isla de Pascua, (entre autoctonos rapanuis y chilenos) es de unas cinco mil personas.  Parece que hay cierta distancia entre rapanuis y chilenos; los rapanui enarbolan contra ellos la acusacion tipica hacia los colonizadores; la de llegar sin mas interes que ganar dinero explotando los recursos de la isla. En el caso de Pascua, el recurso principal es el turismo, que es convenientemente explotado; apenas llego voy a desayunar y me cobran nueve euros por un cafe y dos tostadas de pan de molde con mantequilla. Entiendo que esto es una isla y que hay que pagarle el billete de avión a la vaca, pero los precios en general son ridiculamente caros.

Por lo demas es tambien un lugar tranquilo. El turismo, aun no muy numeroso,  es un fenomeno bastante reciente y la gente es muy amable con los extranjeros.  Incluso los perros son amables. Me ocurrio muchas veces que me encontraba con un perro y sin mas tramite se venia conmigo media hora o mas. No eran perros abandonados. Parecia mas bien que disfrutasen de mi compañia. Llegue a pensar que alli los perros toman al turista para ir de un lugar a otro, mas o menos como nosotros tomamos el autobus.

Empezaron a venir turistas a Pascua cuando estrenaron la peli Rapa Nui.  Por cierto que intente verla en una sala donde la proyectan tres dias a la semana. Pero el caso es que como coincidia con la puesta de sol siempre llegaba tarde, y no proyectaban la pelicula. Sencillamente porque nadie mas habia ido a verla.Esto me paso tres veces.

Este es mas o menos el centro de Hanga Roa, la capital. Creo que en toda la isla no hay ni un edificio de tres plantas.

Los Rapanuis quieren desarrollar su isla con cabeza. Los extranjeros tienen prohibido comprar terrenos, lo que evita que se instalen las cadenas hoteleras que podrian destrozar el ambiente de la isla en un periquete. Me llama la atención la diferencia con España. Parece que aqui nadie les ha enseñado que el progreso pasa por los adosados y los campos de golf.

Geologicamente la isla esta formada por tres volcanes, cada uno en un vertice del triangulo. El terreno costero es abrupto, con grandes acantilados en los que ruge el mar. Solo hay dos playas en la isla, Anakena y Ohave. Eso si. Que playas….

Esto que sigue es el crater de un volcan. Los volcanes estan inactivos, evidentemente.

Pero sin duda lo que es mas representativo de la isla de Pascua son los moais. Estas inmensas moles de piedra en las que los antiguos esculpian lo que parece ser representaciones de sus reyes. Nos asaltan las preguntas sobre ellos. ¿Para que los hacian? ¿Para que se tomaban el tremendo trabajo de tallarlos? El sistema de tallado era curioso. No extraian la piedra de la montaña y luego la tallaban, sino que tallaban el moai directamente en la roca, como si lo sacasen de la montaña. En la cantera hay moais a medio tallar, todavia sujetos a la roca madre, semejantes a los esclavos de Miguel Angel en la Academia de Florencia. Y hay otros desechados, tirados en mitad de la cantera, como si bien avanzado el proceso se hubiesen revelado insatisfactorios.

Las figuras, como tantas cosas en la isla, pertenecen al misterio. Una de las preguntas que no tienen respuesta es como podian transportar los antiguos estos colosos de mas de cien toneladas desde la cantera de donde los sacaban, en el centro de la isla, hasta sus definitivos emplazamientos en la costa, que distaban en algunos casos casi veinte kilometros.

Los moais originales estaban situados en la costa, mirando hacia el interior, y tenian ojos hechos con coral. Este, situado a poco distancia de Hanga Roa, es el unico que los conserva. Tambien es de los pocos que tienen el pukao, eso que lleva en la cabeza. Lo que hay delante del moai, ese empedrado, es el ahu; un lugar reservado. Si el turista se acerca demasiado rapidamente vendrá un rapanui para advertirle que no se suba alli, pues es una zona de mana. No es tanto que se este profanando un lugar sagrado, sino que el turista no es prudente al pisar un lugar de poder.

El moai no estaba terminado hasta que tenia puestos sus ojos. Y la mirada de los moai, esa mirada fija de pasmo, es realmente penetrante. Tal vez los rapanuis lo que buscaban tallandolos era precisamente esa mirada, del mismo modo que el niño busca la mirada de su madre y grita “Mira, mama!”; “!Mira Mama!”. Debio ser insufrible sentirse los unicos seres sobre el Universo. Tal vez solo buscaban compañia, como aquellos perros, y como nosotros mismos buscamos compañia. Sea como fuere, cuando empezaron a destrozarse a si mismos con guerras y deforestación echaron abajo todos los moais, como si esa misma mirada de repente se les hubiese vuelto intolerable. Todos los moais de la isla fueron derribados y aun muchos permanecen hoy asi.