La estaca en la cabeza

Y luego están los elefantes de los circos, atados a una ridícula estaca de la que se librarían con un simple gesto de su asombrosa corpulencia. He oído decir que este misterio se explica porque cuando son pequeños los taimados domadores los atan a esas estacas, de las que las crías tratan de librarse inútilmente pues obviamente, todavía son demasiado pequeñas. Finalmente desisten, aprendiendo la lección de que la libertad es imposible y de que la frágil soga y la pequeña estaca están fijados al fondo más telúrico de la tierra, ilusión que no abandonaran ni cuando sean enormes, domésticas bestias.

Así es, débiles, el elefante.



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